ADMIRAR AL CINTURÓN BLANCO

Opinión 13 de enero de 2021 Por Jorge E. Gutiérrez
KarateBCN
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Llega desconfiado a clase el primer día, incluso a veces va unos días antes para ver cómo es el entrenamiento, imagina que no debe ser difícil hacer eso y coge valor para inscribirse. En los primeros días de entrenamiento se siente desubicado, no sabe atarse el cinturón, entra en el tatami totalmente perdido, no sabe si debe hablar con alguien o simplemente sentarse en algún rincón y observar. Se queda tranquilo mientras la gente no deja de hablar de posiciones y técnicas en japonés. Se ríe sin querer de las tonterías ajenas, pero cree que tiene un límite para reírse y entonces se queda en medio de la semana intentando pensar que karate no es más difícil de lo que él imaginaba para engañarse y no desmotivarse. Al día siguiente intenta imitar al profesor pero no puede dominar su cuerpo, no entiende la dinámica de los movimientos y se pregunta cómo es posible sudar tanto dentro del karategui. Él intenta entender cómo se hace esa técnica, luxación o proyección, y cómo la gente puede luchar durante 10 minutos sin quedarse con la lengua fuera..., y dos meses después sigue sin saber cómo se ata el cinturón.
Él piensa en rendirse, pero como pagó el mes de gimnasio y se compró un karategui caro, él persiste. Se despierta en los días siguientes sintiendo dolor en el cuerpo, la piel ardiendo, los nudillos doloridos, tiene moratones por todo el cuerpo y eso solo en dos semanas de entrenamiento pero como pagó un mes de gimnasio y compró karategui nuevo, ahí viene el otro día, y el otro, hasta que unos meses después él consigue su primer cinturón (amarillo), ni siquiera sabe cómo lo hizo, pero es suficiente para no poder pegar ojo esa noche, de tan orgulloso que se siente.
En esos primeros, tres, cuatro, seis meses, el cinturón blanco aprendió a convivir con el dolor..., y de repente cinco, seis, siete años, hasta que alcanza el tan soñado cinturón negro. El aprendió en el camino que el cinturón negro es donde todo comienza, y si aprendió la diferencia entre deporte y arte marcial su camino puede ser infinitamente provechoso.
Por todo esto, admiro al verdadero cinturón blanco, y no sólo por su persistencia, sino porque todos hemos sido uno, y si hoy estamos de este lado del tatami es porque fuimos cinturones blancos que no se rindieron, incluso cuando todo parecía estar contra nosotros.
Por eso nunca dejes de ser cinturón blanco y respetar lo que representa, es la mejor lección que puede aprender un verdadero cinturón negro…

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