¿PODEMOS CAMBIAR PARA MEJOR?

Por: Jesús Escalante Patiño
cambiar

Ahí estaba sentado frente a mi computadora tratando de aportar algo positivo o de interés general, buscando a través de las redes sociales, temas atractivos capaces de influir positivamente en mi vida, pero mientras buscaba, encontraba críticas, reproches y descalificaciones por parte de quienes no se sienten conformes con su vida y aun cuando estos temas no estaban dirigidos a mí, sentía que me reprochaban, que me culpaban por sus desavenencias, regularmente temas sometidos a una suposición que intentan culpabilizar a los enemigos externos.

Esa irregular conducta humana, tiene como blanco un fantasma, sin oportunidad de replicar o de justificar un mal entendido, tan sólo creado por un monologo de desconcierto, que deviene de la necesidad de desahogarse o llamar la atención por una abrumadora desdicha, convirtiendo a todos sus lectores en cómplices involuntarios, donde algunos podrán intentar darle la razón, razón que se pierde en tiempo y modo para su catarsis, porque regularmente seguirá enganchado en que alguien tiene la culpa de su desidia y no acepta que le hagan ver otra perspectiva. 

¿Buscamos resolver o simplemente buscamos un culpable de nuestro fracaso?

¿Qué se supone debemos aportar, qué todos los demás son los responsables?

No, tan solo se huele a una perversa intensión de que los lectores se sumen al tren de las criticas destructivas para acumular razones para cuestionar a los demás, como si el reprochable proceder fuera siempre intachable, preciso y colmado de sentido común, producto de un ser  ejemplar y un modelo a seguir.

Cuando lo cierto es que esa conducta está plagada de una soberbia oscura, de un ego venenoso donde solo hay culpables exteriormente y que nos conduce a un triunfalismo inútil, incitador de emociones negativas, cuando alguien nos da la razón y se suma al descredito, con derecho a mirar a un desconocido con falsa certeza de que hemos descubierto el camino correcto para darle sentido a la crítica destructiva.

Si no conocemos a alguien ¿Por qué criticarlo con tanta fuerza?, si en vez de lanzar flechas envenenadas ¿por qué no aportamos algo que pueda resultar más útil para resolver los problemas?, buscando de transformar la inútil energía de la crítica destructiva en una energía positiva de convivencia social, potenciando nuestra calidad de vida.  

Todos tenemos fallas, y eso hace difícil el entendimiento y la aceptación, pero más difícil es cuando somos incapaces de entender a nuestros semejantes, sin prestar atención al saber qué tan mal se siente, cómo lo impactan sus temores y complejos.

Si tan solo pudiéramos cambiar nuestra perspectiva, de un modo de demostrar que los demás nos preocupan y ocupan, cómo mejorar su autoestima, cómo sacarlos de sus errores conociendo el fondo de sus causas, pensando siempre que el que está mal merece estar mejor.

Son temas tan ausentes en nuestra cotidianidad, que vale la pena intentar encontrar el camino del cambio de conducta, sin miedo a las respuestas sensibles, saliendo de nuestra incapacidad de dar oportunas y adecuadas respuestas, conscientes de que no es una tarea fácil, por cuanto, no somos maquinas programables, pero si podemos disponer del orden del día, para una mejor inversión de nuestro tiempo, transformando nuestras críticas destructivas, en criticas constructivas con el fin de apoyar y aportar nuevos caminos en el mejor entendimiento.    

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