Mitos y Realidades de la Defensa Personal

Escrito por: Sergio Manuel Rubio Garay.
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En la actualidad muchos países se están viendo sumergidos en una oleada de violencia a raíz de la crisis económica que afecta al mundo, y América Latina por tantos cambios políticos y sociales se ve aún más afectada por esta situación. Esto ha generado un sin fin de cursos, talleres, escuelas y academias de Defensa Personal donde el instructor ostenta un grado en cualquier disciplina de artes marciales o simplemente ha tomado un curso de Defensa Personal y ve la oportunidad de explotar esta necesidad generando aún más riesgo en las personas que piensan utilizarlo en la vida real ya que no cuentan con la preparación ni la experiencia ante estas circunstancias.

 

El primer paso que una persona con el deseo de aprender Defensa Personal debe dar es cambiar su mentalidad de ser una víctima cambiando de rol y convirtiéndose en agresor evitando sentir pena o compasión por agresor y su familia, porque un agresor tiene en mente golpear, robar, violar, herir o hasta matar sin consideraciones hacia usted y su familia; si usted es incapaz de realizar este cambio mi consejo es colabore con el agresor esperando salir lo menos dañado posible, pero si va a tomar el riesgo no se detenga y siga avante con la mentalidad: “De que lloren en su casa a que lloren en la mía, mejor en la suya”.

 

Una vez que tome la decisión de incursionar en la Defensa Personal y más aún aplicarla en su vida cotidiana, considere que existe el mito generado principalmente por la televisión y las películas donde una pelea callejera es larga y puede tener espectadores, donde la realidad es que “la agresión en la calle no es un espectáculo”, y cada segundo que pierde es una invitación a que se incorpore otro agresor en nuestra contra que traerá como consecuencia que en una eventualidad en la que pudimos salir “bien librados” se convierta en una tragedia.

 

Al vivir una situación real debe tomar la decisión de salvaguardar su integridad, la de sus seres queridos y hasta sus recursos materiales ante un agresor y en ello hay segundas oportunidades. La calle es un lugar sin ley, donde no hay reglas, ni límite de tiempo, por lo que uno o varios individuos pueden hacer uso de una gran gama de agresiones verbales, psicológicas, físicas, económicas, entre otras, de las cuales no podrá haber una consecuencia si no actúa y con ello quiero decir que use en primera instancia los recursos a su alcance para poner límites, tales como el diálogo y en el caso de instancias mayores los elementos legales. Pero si la agresión transgrede esos límites tornándose en una agresión física y decide defenderse deberá hacer su técnica sin temor a equivocarse, ya que el error más común y peligroso es detenerse al ver que no le salieron las cosas como las practicó. Una vez que inicia la respuesta a la agresión será hasta las últimas consecuencias, porque al desaparecer el “efecto sorpresa” el agresor al ver que sabe defenderse atacará con más fuerza y agresividad.

 

Mi último consejo es jamás espere a las autoridades después de defenderse, porque si salió “vencedor” del encuentro queda a expensas de lo que la Ley pueda decir al respecto. En México, es una realidad de que la figura de la “Defensa Personal” dentro de nuestro marco legal es un asco, y han habido personas que terminaron en la cárcel por salvaguardar su vida porque están diseñadas para defender a los agresores y delincuentes antes que al ciudadano común.

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