PARAFRASEANDO SOBRE EL KENPO KARATE

Por: Jesús Escalante Patiño
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La conciencia de lo que hacemos y hacia donde llevamos el Kenpo Karate, es ver el mundo a la distancia y analizar con suficiente tiempo las cosas que están en su lugar. 


La inconsciencia, por el contrario, es tan sólo observar cosas a corta distancia con respuestas instantáneas, es decir, es cómo venir de una exploración del espacio abierto generando brillantes ideas y luego terminar cayendo en un poso profundo, y por instinto, determinar en la práctica cuál de todas esas cosas nos es más útil en esa oscuridad. 
El estado de conciencia puede generar múltiples reacciones positivas y negativas, esta fase nos permite analizar, controlar y administrar nuestros impulsos, sensaciones y deseos, además, con ellos, la ira, la injusticia, la inseguridad, el caos, etc., en contrario, el estado de inconciencia no genera razonamiento y es más susceptible y débil ante el caos.
 
Estos dos estados naturales de la mente, la conciencia y la inconciencia, están revestidos de trascendencia emocional, que pueden ir en viceversa, de lo claro a lo oscuro, de lo probable a lo improbable, de la seguridad a una inseguridad justificada, de una idea brillante a una descontextualizada, de la justicia a la injusticia, pero en ambos casos, sólo las emociones nos encaminan hacia el sentido común para acercarnos a la realidad deseada y poder transformarla en una verdad compartida. 


Hay que estar conscientes de que estas señales controlan nuestras vidas, y al intervenir en nuestras emociones, son necesarias para medir el alcance de lo que debemos hacer en favor de la maravillosa herencia del G.M. Ed. Parker sobre el Kenpo Karate, precisando nuestra interpretación sobre lo que somos y lo que es nuestro entorno a modo de un mapa mental, construido sobre la base de que la conciencia crea normas de acción y las aplica directamente para determinados momentos y para ciertos eventos, mientras la inconciencia utiliza las emociones de acuerdo a su inmediata reacción e interpretación. 


Sin embargo, si pasamos por alto el hecho que la envidia, la intriga, la mentira, el descredito y el complejo son nuestros peores enemigos, veremos alimentado el sentimiento de la mala intención en perjuicio de quien tiene nuevas ideas o una forma distinta de sentirse cautivado por la gama de variabilidad de entender el Kenpo Karate.


En esos términos, y aplicando la conciencia: Sí la verdad absoluta no existe y la verdad relativa se encuentra dividida, entonces: 
¿Cuál sería la verdad?
¿Por qué cuestionar la verdad sin aportar nada a ella?
¿Por qué sentirse superior a otro con las mismas emociones?  


Al no saber que está pasando en nuestro mundo interior, y sí las cosas no son así, entonces: 
¿Cómo deben ser?, ¿Cómo yo digo?, ¿Cómo dices tú?, ¿Cómo dicen ellos? o ¿Cómo lo deberíamos decir todos conscientes de nuestras verdades y realidades, pero sin ofender ni herir sentimientos?


Por no responder a estas y otras interrogantes, nos hemos acostumbrado a tener una limitada capacidad de discernir y describir lo que debemos hacer, lo que queremos aportar, lo que corresponde corregir, y lo más importante, mantener el legado de una familia que heredó el Kenpo Karate del más ilustre Artista Marcial contemporáneo, que no siendo el mejor para muchos, lo es para quienes nos mueve la conciencia de su gran aporte, por cuanto, su orden, fue evitar a toda costa que el Kenpo Karate se convierta en un Sistema tradicional. 


A lo que puedo agregar: “Después de la muerte no hay nada que puedas hacer, salvo lo que ya hayas legado en vida”.

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