“LA HUELLA DEL KENPO KARATE EN VENEZUELA”: EL SILENCIO DE LOS GRANDES MAESTROS

Opinión 02 de agosto de 2019 Por
Por: Jesús Escalante Patiño
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La piratería no está ajena a ningún Sistema, lo preocupante no está en quiénes son los piratas, en toda profesión existen piratas, el malo, el menos malo y el peor, siendo una razonada justificación, todos son necesarios para hacer resaltar a los mejores, sin ellos, sería muy difícil seleccionar al más apropiado.


Existen Maestros, con extraordinarios conocimientos y experiencias que aún no conocemos, pero lamentablemente, se están convirtiendo en una especie en extinción, su silencio es devastador, tanto que, se puede predecir el futuro de la autenticidad y naturalidad del sistema.


Pareciera que nos quedamos sin auténticos Maestros, pareciera que el camino nos conduce a la transformación de mercaderes, que nos ciega en nuestro interior, quedando el papel estelar, solo en la demostración del más, el más y tantos más, que nos lleva a encontrar el mejor pero no el necesario, que nos ayude a unificar criterios, hablar técnicamente el mismo idioma, y sobre todo, cuidar la imagen personal y la garantía de que vamos por buen camino para legar un trabajo sostenible en el tiempo y de generación en generación, que nos permita observar la sostenible figura ancestral del autentico Maestro de Maestros.


En ausencia de un líder originario, muchos en su sano juicio, han querido sustituir ese líder único por su propia Organización única, lo que ha llevado a la proliferación de organizaciones que, con sus muy destacados líderes, aun no se ponen de acuerdo para encontrar fuera de esas organizaciones al “Maestro de Maestros”, sin tomar en cuenta que, éste no es sólo para aquel que paga una mensualidad o una anualidad, es un guía de todos y para todos, al que se le atribuye el control, el mérito de mantenernos unidos aun con todas nuestras diferencias, el que crea la perspectiva sobre el camino en que todos debemos seguir en un mismo rumbo y hacia un mismo destino.


Como consecuencia de ésta ausencia, nos hemos acostumbrado a decidir por nuestra propia cuenta el qué, cómo, dónde, cuándo y quiénes lo hacemos, lo que ocasiona una desnaturalizada forma de “Organización”, sin entender el verdadero sentido de lo que es una “Organización”, creyendo en una falsa premisa de que “si yo estoy organizado es suficiente para seguir adelante”, olvidándonos que siempre será necesario mantener intacto el principio de la jerarquización para mejor provecho de nuestro individual trabajo.


Bajo esta premisa, es necesario entender que, un Sistema debe generar otros Sistemas para así conectarse al orden Sistémico que genera la evolución, por cuanto, la evolución no es sinónimo de individualidades.


El Cuerpo humano es la maquina más perfecta, por cuanto, todos sus sistemas se encuentran conectados y comprometidos con la vida misma, ya que su propósito es la prolongación de nuestra existencia, si un Sistema le falla, fallan todos los Sistemas por no estar conectados con su falla, esto es simple de entender pero complejo de explicar y mucho más de aplicar en Organizaciones desconectadas que nacieron para ser ellas y punto, cayendo en la turbulencia de que no obedezco nada que no esté reglamentado en mi propia organización, sin que exista una Entidad jerárquica asociativa que oriente en el mismo objetivo y enmarcada por los auténticos “Maestros de Maestros”, cuya autoridad suprema condicione el camino a seguir y no lamentarnos cada vez que aparezca una nueva generación de líderes haciendo lo que mejor le parezca y sin ningún tipo de control, porque eso es lo que van aprendiendo a ser, lo que trae como consecuencia que, la pasión primitiva domine a la razón de ser.


En esos términos antes expuestos, debemos considerar que la lógica libera la razón cuando vence a la costumbre, permitiendo observar cómo las causas y efectos inconscientes determinan la cotidianidad del hacer, midiendo a los líderes en su propio contexto, detectando quién se ha mezclado para usurpar por gusto y convicción, pero no por su capacidad de enfrentar las diferencias creadas por la magnitud incontrolable de nuevos líderes que, aunque tengan un excelente potencial, jamás han sido formado para administrar su liderazgo, mucho menos, para compartirlo, ya que se quedan enganchados en el placer que acompaña al Poder como fuente de liderazgo, disminuyendo con ello, la capacidad como individuo racional maximizador de útiles respuestas y soluciones a los conflictos organizacionales, que jamás dejaran de existir, por cuanto, los problemas también son fuentes de vida.


Existen formas adecuadas y oportunas de contrarrestar esa tendencia, tan sólo debemos aceptar que la sociedad moderna requiere de un gigantesco aparato organizacional para cultivar y controlar las destrezas más arduas que ha logrado el auténtico Líder Integrador, capaz de evaluar sus responsabilidades desde el punto de vista sistémico, cuyos sucesores en formación, constituidos en Líderes Conectivos, serán los encargados de administrar y controlar sus propios Sistemas en beneficio de un mismo objetivo, procurando una imagen más completa de quiénes somos, dónde y cuándo actuar, qué y cuánto hacer para reducir al máximo los errores calculados.


Concluyo en admitir que abordé este tema con la esperanza de acabar con la mezquindad, la indiferencia, la intolerancia, la supremacía individual, y que aún tenemos la oportunidad de rescatar la participación de ese muy reducido número de “Maestros de Maestros”, responsables de que no convirtamos nuestro Sistema en un caos, es decir, un desorden incontrolable, destinado a extinguir el legado originario de quién se esforzó para que nos sintiéramos orgulloso de él.

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