LA HUELLA DEL KENPO KARATE EN VENEZUELA EL REENCUENTRO

Opinión 07 de agosto de 2019 Por
Por: Jesús Escalante Patiño
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Existen tres cosas (03) que hoy nos separan como promotores de las llamadas “Artes Marciales”: 1) los Maestros, 2) los Alumnos y 3) las Organizaciones, y no como muchos lo difunden, endosando erradamente tales diferencias a los Sistemas. Los Sistemas nacieron para unirnos, están hechos para creer en ellos, porque tienen una misma razón de ser.


Tal apreciación resulta cada vez más amplificada, y se devela, cuando alejamos cada Sistema de su propia esencia, separando cada Maestro del criterio de otro, y cada alumno de cada organización, sin considerar que, un Sistema nos hace sentir que alguien está ocupado en nosotros y quiere organizarnos para formar un equipo de trabajo que difunda lo que aprendemos de él, propio de la época contemporánea.


Pero la realidad es otra, a medida que se forma un nuevo Maestro, nace una nueva Organización cuyos afiliados solo esperan una serie de instrucciones para poder reaccionar, lo que conlleva al nacimiento de una nueva especie de Sistema autónomo e independiente el uno del otro, todos fieles creyentes a lo que cada uno hace, pero a la vez, ajenos los unos de los otros, algo parecido a planificar unas vacaciones, donde algunos privilegiados viajaran en su propio avión bajo características especiales, otros utilizando  aviones comerciales que imponen sus propias reglas, y otros decidiendo si utilizan el transporte marítimo o terrestre, cada uno sintiéndose distinto el uno del otro, aunque fuesen a realizar las mismas actividades.


De esa manera no hemos entendido que debemos ajustarnos de acuerdo a la ocasión, y cada ocasión nos debe preparar para enfrentar con responsabilidad el rol que debemos ejercer, sin depender de lo que nos resulta más atractivo y más productivo individualmente, por cuanto, muchos nos hemos dedicado a formar alumnos aptos para las peleas, independientemente del escenario o las condiciones, pero poco le brindamos esfuerzo al campo en el qué hacer al heredar la continuidad administrativa de una Organización que se ha fundado con la intensión de tener éxito, es decir, formando alumnos que forzadamente aprenden después de asumir cada responsabilidad, llevándolos por el camino de una suerte de improvisación en cada paso que dan, como una cita a ciegas, viendo cosas diferentes a las que había visto su Maestro, una especie de “Mujer medio preñada”, la cual, por supuesto, no existe.


Ante esta realidad, no podemos seguir fingiendo que vamos por buen camino, necesitamos reencontrarnos para revisar lo que cada uno puede aportar en beneficio de todos, y convertirnos en los actuales mosqueteros, conservando su slogan: “Uno para todos y todos para uno”, sin necesidad de aparentarnos mitos o leyendas, porque el objetivo no es personal, sino más bien, es lo universal de las Artes Marciales que se han enquistado de diferentes formas en las distintas culturas del mundo, producto de la compatibilidad intelectual y la enculturación, permitiéndonos escoger lo que pedimos no lo que nos imponen en un ambiente de separación de intereses, evitando que las preferencias se formen por encima del nivel de conciencia.


Por supuesto, al hablar del reencuentro, no hablo de unirnos en una misma organización bajo un mismo Sistema o un mismo Maestro, refiero al rescate de la pura esencia que nos vio nacer, del respeto, la dignidad y el honor como valores implícitos en una convivencia social a la altura de una comunidad unida y solidaria, aunque tengamos diferentes convicciones.  


Esta tarea pareciera fácil, pero a estas alturas del camino, no es tan sencillo, al extremo que, para una gran proporción convertidos en escépticos, resultaría imposible de lograr, pero ¿por qué son exceptivos?, porque se resisten al cambio o simplemente no quieren cambiar. 


El conocimiento le pertenece a cada quien que lo posea y se abre paso de la manera más curiosa, si no exploramos no podremos concluir, y es así entendiendo el valor que existe entre la emoción y la toma de decisiones, tan sólo pongamos la voluntad de hacer los ajustes necesarios para creer los unos en los otros, ese sería un buen comienzo, porque así funcionan las decisiones, sólo así sabremos lo que queremos, aunque nos dure toda la vida lograrlo, pero estoy convencido de que quedaríamos satisfechos de lo que podamos lograr para beneficio de nuestras generaciones de relevo, sin pasar por alto que son la prolongación de nuestra existencia, por cuanto, la buena conducta es el mejor ejemplo entre los límites que nos otorga la lógica y la razón y así alejarla de la autodestrucción. 


 “Las decisiones pueden ser pragmáticas, pero en el fondo de la emoción, son muy románticas”.

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