UN ERROR QUE SE PAGA MUY CARO

Salud 08 de agosto de 2019 Por
Por: Mauricio Zhong Guo
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Cualquier practicante que tenga una mínima experiencia sabe que hacer taijiquan de manera perfecta es casi imposible. Por mucho que nos pese siempre hay algún error o fallo que enturbia la ejecución; una mano donde no tenía que estar, un giro sin completar, una mala gestión de peso por allí o un desequilibrio por allá y un largo etcétera. Si se tiene una consciencia general de que se han cometido este tipo de errores durante y/o después de la ejecución no es algo que resulte excesivamente grave. Los podemos corregir con entrenamiento y aplicación de la técnica aprendida. Podríamos denominar a estos errores como fallos circunstanciales que se corrigen con el tiempo y el trabajo diario; lo que conocemos como un “despiste”. Por el contrario hay otros tipos de errores que apuntan a la base del aprendizaje y que se manifiestan en toda la ejecución de los movimientos. Este tipo de errores toman un carácter más grave y problemático que con el tiempo, si no se pone remedio, pueden llegar a ser una auténtica pesadilla deshacerse de ellos. Toman el papel de mal hábito y en el peor de los casos, pasan desapercibidos por el practicante llegando a ocasionar lesiones irreversibles, porque los ERRORES en el taijiquan SE PAGAN muy CAROS.


A nuestro juicio, uno de los más importantes y catastróficos es la LUXACIÓN DE RODILLA. La luxación de rodilla es uno de los errores más destructivos a nivel articular que, por desgracia,   más cometen los practicantes, y no sólo los iniciados sino también aquellos que llevan muchos años de práctica y han creado un mal hábito en su entrenamiento. En este artículo vamos a intentar dar algunas claves para evitar que este error se manifieste y conseguir alejarnos de las lesiones que provoca, entre otras el desgaste de menisco, desplazamiento rotuliano, acumulación de bolsas sinoviales o rotura de ligamento interno.
Un primer paso para identificar si estamos cometiendo este error no es fijar la atención a la luxación en sí misma, porque aunque parezca una contradicción, al colocar el cuerpo no es un movimiento que provoque el típico dolor de pinchazo y tenaza que está relacionado con este gesto. Esto es así porque la luxación no ocurre cuando la provocamos, sino justo después de provocarla. 
Para que una luxación ocurra en una articulación, deben darse dos puntos de apoyo antes y después de la misma que giren en sentido contrario para manifestar una torcedura. En el caso de la rodilla, el primer punto de apoyo es el suelo y el segundo nuestra propia cadera. Esto quiere decir que la luxación siempre se verá reflejada en la pierna llena, es decir, aquella que soporte todo el peso del cuerpo. 


Una vez detectados los puntos de torcedura resulta más sencillo identificar cómo lograr la distensión de la misma. El objetivo es que tanto el pié como la cadera no tomen direcciones diferentes al lanzar la pierna vacía. Es muy evidente que el pié lleno no se va a mover al lanzar la pierna vacía, por lo tanto, ¿cómo puede realizarse un giro opuesto en ambos extremos de la articulación para que se luxe? La explicación es sencilla: al estar el pié anclado en el suelo y la cadera tomar una dirección diferente, es como si el pié girara en sentido opuesto a la rotación de la cadera. Este giro prepara la articulación para ser luxada, pero su luxación no se ejecuta hasta que no realizamos un esfuerzo muscular con la pierna en cuestión como puede ser una bajada del peso o un empuje para cambiar su estado a vacío, por lo tanto, no se nota que la luxamos hasta que es demasiado tarde. 


Para corregir este problema debemos olvidarnos de nuestro pié vacío y centrarnos en nuestra cadera vacía. Suponiendo que tenemos la cadera llena perfectamente alineada con la rodilla y con el pié, la cadera vacía estará una posición de apertura heredada del movimiento anterior. Si la dirección es la misma no hay problema a la hora de lanzar la pierna vacía, ¿pero qué ocurre cuando la dirección es mayor? Pues que, sencillamente, no podemos abrir más la cadera porque nos hemos quedado sin amplitud de giro. Es entonces cuando nuestro cuerpo “apaña” una solución temporal luxando la rodilla para darnos más giro. Pero ese giro es una ilusión, una fantasía. Realmente no hemos aumentado el giro porque la apertura sigue siendo la misma. La diferencia es que hemos cambiado el ángulo general de la cadera a costa de nuestra rodilla, nada más. La única solución posible para ganar amplitud es rotar la cintura en la dirección de la cadera que deseamos ampliar ganado 45º más a los que ya teníamos y tomando una relación máxima de ángulo de 135º con respecto a la cadera llena. Una vez cambiemos el peso a la pierna vacía, volveremos a obtener una amplitud de cintura de 45º por defecto o por exceso en relación a la cadera llena y pudiendo corregir el ángulo de la cadera vacía los 90º añadidos a la amplitud anterior y sin luxar la rodilla. Este tipo de ajuste tan “complicado” se realiza en varios movimientos de sobra conocidos como en el látigo simple y látigo simple bajo (serpiente reptando), además de ser más que habitual en varios puntos del sable de taijiquan. 


Toda esta farragosa explicación asume que sabemos alinear la pierna llena. Si por el contrario todavía no tenemos este conocimiento, todo lo anterior no habrá servido de nada y en cada movimiento estaremos provocando la dichosa luxación de rodilla que tantos problemas acarrea. Entonces tendremos un problema de base importante que debemos solucionar cuanto antes. Hay que tener en cuenta que los ligamentos fémuro-tibiales realizan un trabajo muy fuerte cuando hacemos el paso de taijiquan, además de ser unos de los trabajos más importantes y potentes a nivel de salud; por contra una mala gestión puede lesionarnos de por vida y eso hace que este tema no deba tomarse a la ligera. El taijiquan no provoca lesiones de rodilla, al igual que conducir un coche no tiene por qué ser peligroso, pero a nadie se le ocurre realizar esta actividad sin una formación previa, sin embargo en el taijiquan sí.


Cuidad la práctica, haced un taijiquan saludable y sobre todo preguntad a vuestros maestros, pues más vale eso, que esperar a que llegue el día en que salgáis de la clase con una muleta bajo vuestro brazo.

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