POEMA DE UN PRACTICANTE DE ARTES MARCIALES

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La elasticidad es buena, pero no es todo.
Romper ladrillos es bueno, pero no es todo.
Aceptar la derrota es bueno, pero no es todo.
Ganar un combate es bueno, pero no es todo.
Meditar diariamente es bueno, pero no es todo.
La técnica correcta es buena, pero no es todo.
Endurecer las manos es bueno, pero no es todo.
La habilidad con la espada es buena, pero no es todo.
Tener reflejos rápidos es bueno, pero no es todo.
Controlar las emociones es bueno, pero no es todo.
Cumplir con las ceremonias es bueno, pero no es todo.
La disciplina es buena, pero no es todo.
Respetar al Maestro es bueno, pero no es todo.
 
Detenerse en un solo aspecto, es principiar en la nada.
Desarrollar cada uno de los aspectos es trascenderlos.
 
Solamente todo es todo.
 
Por eso,
la elasticidad es buena,
a condición de que uno tenga amplitud de criterio;
romper ladrillos es bueno,
a condición de que uno quiebre su orgullo;
aceptar la derrota es bueno,
a condición de que uno no sea un fracasado;
ganar un combate es bueno,
a condición de que uno no se lleve el mundo por delante;
meditar diariamente es bueno,
a condición de que uno no olvide la relación con el prójimo;
endurecer las manos es bueno,
a condición de que uno fortalezca su corazón;
la técnica correcta es buena,
a condición de que uno no crea en la apariencias;
la habilidad con la espada es buena,
a condición de que uno sostenga su palabra;
tener reflejos rápidos es bueno,
a condición de que uno sepa enfrentarse con lo imprevisto;
controlar las emociones es bueno,
a condición de que uno sepa expresar sus sentimientos;
cumplir con las ceremonias es bueno,
a condición de que uno descubra lo sagrado en la vida cotidiana;
la disciplina es buena,
a condición de que uno sea feliz;
respetar al Maestro es bueno,
a condición de que uno considere dignos de reverencia
a todos los seres.
 
© Milton Peralta, 1995 
 (de "Molinos de viento")
 
 
 

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